
Desde la antigüedad la humanidad ha utilizado sustancias psicoactivas (plantas, animales, setas) con fines diversos, v.g. religiosos, terapéuticos, recreacionales etc. Sin embargo, el fenómeno del consumo masivo e intensivo de drogas en las sociedades modernas, tanto lícitas como ilícitas, se ha presentado como un problema de prioritaria importancia solo durante el siglo XX.
A nivel global, la producción de sustancias psicoactivas se ha transformado en un asunto geopolítico. Países en desarrollo son grandes productores de drogas. Los países desarrollados se esfuerzan en combatir a los productores. La guerra contra la droga en México cobra cada día más víctimas. Similares condiciones se encuentran en Colombia (cocaína) y Afganistán (Opio). Esta especie de guerra internacional en occidente, se fue configurado lentamente, con hitos importantes como la ley Harrison, de 1919 en los EE.UU; la convención única de 1961 y el convenio internacional de Viena de 1971 que con sus 4 listas de sustancias "psicotrópicas" prohibidas enmarcaron, hasta el día de hoy, la forma de la discusión respecto a las políticas de prevención y sus alcances.
Otro asunto de importancia capital son las definiciones políticas en cuanto a clasificar drogas legales (Alcohol, tabaco, café) e ilegales, y los supuestos históricos y científicos a su base.
En Chile, las cifras del consumo indican que la tendencia poblacional se ha mantenido constante pese a los esfuerzos gubernamentales por afectar dicho comportamiento, a lo largo de los últimos 20 años.
Efectivamente, la prevalencia de consumo en el último estudio en población escolar de CONACE 2009, indica una prevalencia de consumo en el último año fue de 15,1% para marihuana; 2,6 % para pasta base y de 3,4% para cocaína, manteniéndose también constantes las tendencias. Una vez acabada la dictadura, en 1990, se institucionalizó un discurso público desde el estado que castigó el consumo, posesión, compra, venta y cultivo de cualquier sustancia psicoactiva ilegal, siguiendo la tendencia internacional precedente. La respuesta estatal organizada ha sido desde entonces organizada desde el ex CONACE, actual SENDA y sus campañas preventivas por un lado, así como con la aprobación de la ley 20.000 –ley de drogas- por otra. Diversos esfuerzos han sido desarrollados en políticas alternativas en universidades y centros comunitarios diferentes.
En muy pocos círculos académicos y/o políticos se discute la importancia de desarrollar enfoques alternativos o revisar la institucionalidad ligada a la prevención, ligada a resultados sanitarios.
Se hace necesario formar profesionales con sólidos conocimientos científicos en relación al tema, para contribuir a desarrollar políticas sanitarias de excelencia, que permitan el mejor control de los asuntos vinculados con las sustancias psicoactivas, revisando ampliamente los modelos existentes, la historia, los efectos, el derecho y las posibles medidas de despenalización, las presiones de grupos de interés, etc.
Este Diploma se inscribe en este esfuerzo por revitalizar las discusiones entre actores diversos, con el objetivo de generar políticas sanitaras para la prevención de los efectos indeseados del fenómeno social del consumo de sustancias psicoactivas, tanto legales como ilegales.